¿Por
qué la Biblia?
Salmos
19:7-8 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El
testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos
de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de
Jehová es puro, que alumbra los ojos.
¿Por qué confiamos
tan plenamente en la Biblia como Palabra de Dios?
- Por su veracidad histórica.
- Por su contenido en general
que es a veces más allá de la capacidad de sus autores humanos.
El Dios de las Sagradas Escrituras está vestido de tales perfecciones
y atributos que el mero intelecto humano no podría haberlos inventado.
- Por las muchas figuras
y profecías que se venían dando durante siglos cumplidas en
la primera venida de Cristo al mundo. Hay un solo hilo de revelación
desde Génesis a Apocalipsis. A pesar de tardarse como 1,500 años
en su composición, cuenta con una perfecta concordancia.
- Por el odio y desprecio
con que constantemente ha sido atacada. ¿Qué puede temer el incrédulo
más que la verdad no adulterada?
- Por los juicios terribles
llevados a cabo en aquellos que han pretendido destruir o alterarla.
- Por su misma antigüedad
y continuidad. Ningún otro escrito en la historia humana ha sido
preservado como este.
- Por su claridad: tanta que
un niño puede entender el evangelio y ser salvo. Todo intento humano
de agregarle complejidades religiosas va en contra de la simplicidad que
hay en Cristo.
2
Corintios 11:3 Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó
a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera
fidelidad a Cristo.
- Por la universalidad de
su mensaje: traspasa toda frontera y penetra toda cultura, llenando tan
precisamente la necesidad del hombre y del mundo; tanto que sin ella, la
vida pierde sentido y llega a ser vacía y deseperante.
- Por las muchas vidas que
han sido radicalmente cambiadas por ella.
1
Corintios 6:9-11 ¿No sabéis que los injustos no heredarán
el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras,
ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,
ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni
los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos;
mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya
habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús,
y por el Espíritu de nuestro Dios.
Conclusión:
No hay por qué
avergonzarse de una convicción firme respecto de la inspiración
divina de la Palabra de Dios. Nuestra fe en ella no es ni ciega ni ignorante,
sino que es el resultado de un conocimiento pleno de la historia y de la misma
naturaleza de la Biblia.
Lucas
21:33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.